20 julio 2008

formas discursivas

Ana y Maria Eugenia, dos amigas de la infancia se encuentran después de veinte años fortuitamente en la cola del mostrador de información del aeropuerto internacional de Frankfurt, en plena huelga de trabajadores de Lufthansa. Ambas intentan averiguar cuando saldrán sus respectivos vuelos en medio de todo el caos. Han cancelado más de 300 vuelos en esa misma jornada.
Ana regresa de Sudáfrica, de un viaje de trabajo. Es periodista. Está casada y tiene dos niños, que la están esperando en el aeropuerto de Madrid. Está más gorda, pero de cara no ha cambiado nada.
Maria Eugenia es guionista. Hoy viaja a Colombia porque se va a instalar en Bogotá, con su marido y 6 hijos. Están todos juntos en el aeropuerto, y se los va a presentar a su amiga, cuando se oye por los altavoces que tienen que evacuar el aeropuerto por un aviso de bomba.
Todo el mundo empieza a correr y se genera más confusión de la que había. Muchos se pierden de vista, incluidas Ana y María Eugenia.


De: María Eugenia <mariaeugenia@hotmail.com>
Asunto: Estamos sanos y salvosA: mamaypapa@yahoo.com
Fecha: lunes, 14 julio, 2008, 10:37 am

Querida mamá,
Te mando un email desde aquí del aeropuerto de Frankfurt. Sí ya sé que a estas alturas deberíamos estar en Bogotá felizmente instalados en nuestro nuevo hogar, pero no, seguimos aquí en el aeropuerto esperando noticias sobre nuestro vuelo. No ha salido ni un vuelo todavía desde que llegamos a Frankfurt, y ya llevamos aquí casi días. Hay una huelga tremenda y el aeropuerto está colapsado. Cada vez somos más gente, porque los vuelos llegan y llegan, y todos nos vamos quedando aquí. No sé cuanto tiempo tendremos que esperar pero con los niños y toda la gente que hay, se está haciendo difícil la espera. Nos vamos turnando Jorge y yo, porque no podemos ni ir al baño. Solo nos faltaba que se nos perdiera alguien.
Por cierto te imaginas, en medio de todo este caos, a quien me encontré ¿Te acuerdas de Ana, Ana Torrent? Mi amiga de las Teresianas, que venía a veces a cocinar a casa, la que a ti no te gustaba porque decía que comíamos el jamón con las manos, ¿te acuerdas? Pues venía de Sudáfrica. Es periodista de la Agencia EFE y vive en Madrid con su familia. Como nosotros, esperaba una conexión a Madrid. La verdad es que no pudimos hablar mucho, porque en medio de todo este lío, hubo un aviso de bomba en el aeropuerto, y hubo que salir pitando. Imagínate con toda la gente, y los niños.
Todo el mundo estaba furioso, pero cuando anunciaron por los altavoces que teníamos que desalojar el aeropuerto porque había una bomba, todas las caras se quedaron pálidas. Hubo un minuto, que todo el mundo se quedó en silencio. El alboroto de las protestas se silenció de golpe. Fue como si alguien hubiera puesto la pausa en el video. La vista de todo ese gentío mudo me puso los pelos de punta. A mí me asustó más ese silencio que el anuncio de bomba. Fue una cosa monstruosa. ¿Qué fue lo que hizo callar a toda esa gente? No sé, pero el silencio nos asustó hasta tal punto que parecía que nos iba a romper los tímpanos. Era como esa calma chicha de la que habla papá cuando sale con su lancha. Sólo fue un minuto, pero nos pareció una eternidad. El silencio llenaba todo con un espesor que nos robaba el aire. En eso que Alba María rompió a llorar. Te puedes imaginar los gritos, las carreras y el desorden que se instaló de repente. Aparecieron policías de todos lados. Nos sacaron del aeropuerto en un tiempo record. ¡Menos mal que no llovía! Salimos todos a las pistas donde estaban los aviones, y allí esperamos sin un lugar donde sentarse, sin agua, sin nada de na-da; nos obligaron a dejarlo todo dentro de la terminal. A las dos horas, ya sabes como son estas cosas, anunciaron por los altavoces que podíamos entrar de nuevo, y aquí estamos esperando otra vez.
Estamos todos bien y ya os iremos informando. A medida de que vayan cambiando las cosas.

Besos a los dos.

M.Eugenia

19 julio 2008

en cinco miuntos

La casa parecía vacía, pero en la ventana se veía el rostro de una hermosa joven pelirroja, de ojos azules. Al mismo tiempo que se oía su canto, se oía el chirriar de la cuerda, como si estuviera tendiendo ropa, pero no era más que el ritual de todos los días: le estaba bajando el periódico al abuelo del primer piso con la polea. Ellos se lo intercambiaban todos los días, uno lo compraba un día y el otro, otro día.
Hoy, le había incluido algo más con el periódico. Le había metido un par de cigarrillos -que se supone no debía fumar- pero el abuelo era generoso con ella, pobrecito; total dos cigarrillos arriba o abajo no iban a ser nada del otro mundo ¿no?

18 julio 2008

chao próspera


Hoy se murió mi primera mascota. No me duró ni 4 meses. Me duele perder a Próspera como no pensaba que me dolería jamás la pérdida de un animal. Próspera me enseñó a estar pendiente de un ser querido, a –nada más levantarme- saber que estaba ahí. La bañaba cada mañana hasta que hiciera pipi y pupú; le daba su comida cada día: unas hojas de lechuga, un trozo de lechosa, últimamente su preferido era el calabacín, y carne una vez por semana.
Próspera se despertaba en cuanto que escuchaba la voz de Carlina cada mañana. Esta mañana Carlina dijo: “hoy Próspera me recibió con la boca abierta” y la puso en el fregadero de la cocina, después se fue. Yo la metí en su bañerita después y nunca más se movió. Al cabo de una hora, tenía la misma postura; me extrañó. Tenía los ojos cerrados. Aún me extrañó más. La puse debajo del grifo, le hablé, y como no reaccionaba, instintivamente la agité como un mouse, su cabeza se balanceó inerte para cada lado, diciéndome que no. La solté y su concha sonó como la jabonera del baño. Sus patas no amortiguaban el aterrizaje. ¡Estaba muerta! ¿Qué pasó? ¿Se envenenó? ¿Con qué? ¿Como? ¿Con el agua? Pero si era fresca.
Ya pasaron dos horas y sigue ahí espatarrada en el agua. Es curioso, como mirando su caparazón, sus patitas y su cabeza, uno siente que todavía está aquí, que en realidad no pasa nada. Mira que se quede con nosotros aunque esté muerta.
He llamado a Carlina para contárselo. Que angustia. Recuerdo que un día se me perdió en el jardín, y me asusté toda. Bajé con escoba y rastrillo para peinar la zona y encontrarla. Si se me pierde Próspera ¿qué le digo a Carlina? ¡Que disgusto! Hoy, la tengo que llamar para decirle entre lágrimas que no se mueve, que no sé que tiene, que parece como muerta. No me creyó. Me dijo que las morrocoyitas son así, que le hable en venezolano, o que la deje en paz, que luego ella ya se moverá, pero yo siento que no, que hoy es diferente. Pero yo como soy españoleta y no me gustan los animales, no me entero. Y yo que no era eso. También me dijo que a lo mejor se había envenenao con tanto flee y tanta vaina. A lo mejor respiró el flee de anoche cuando entró aquella cucaracha voladora. Las morrocoyitas absorben las malas energías. Que seguro que se sacrificó por nosotras, y se agarró algo que no era para ella.
Próspera, chao. Tu vida fue muy corta pero muy próspera. Gracias por tus enseñanzas, por las estrategias de escritura, por enseñarme a no desesperarse cuando a uno no le salen las cosas porque siempre hay una manera, y que no necesariamente por correr uno llega antes, sino más bien todo lo contrario. Adelante.
La naturaleza es así de salvaje, y hermosa a la vez, triste y alegre. Aquí donde no hay estaciones, todo nace y muere a la vez cuando puede y como puede.

30 junio 2008

la dentadura

Habían pasado un día estupendo todos reunidos en la playa. Los niños jugaron todo el día en el agua, corrieron por la playa y construyeron castillos medievales con muralla y foso para detener las olas. Ya estaban cansados y tocaba irse. Así que recogieron todos los bártulos y se despidieron del resto de la familia. En medio de todos los besos y abrazos, una dentadura robusta se enganchó al pie de Andrés, que dormía en los brazos de su papá.

El papá sintió el tirón y, casi simultáneamente el espasmo del cuerpo de su hijo retorciéndose de dolor. Sujetó a Andrés con fuerza, lo apretó contra su pecho. Tiraba de él como si así pudiera arrancarlo de aquella dentadura implacable, pero las mandíbulas no cedían; parecía que se habían encallado. Los mocos que bajaban de las fosas nasales, la saliva que brotaba de la boca, y el líquido rojo que empezaba a emanar de la herida manchaba aquella dentadura grande y blanca. Alrededor de ella, una mueca y una mirada perdida en el vacío, que sentía la culpa.

La mamá empezó a pegarle a destajo. Le golpeaba allí donde le cayera la mano, en la cabeza, en la espalda o en la boca. Le gritaba entre sollozos: “Joan, suéltale el pié. Suéltale, te digo”, pero él recibía los golpes estoicamente. Nadie sabía que hacer. ¿De quién era la culpa? El niño no sabía lo que hacía. No había querido hacerle daño, pero cada vez estaba más grande, y tenía más fuerza. Últimamente los brotes de violencia eran más frecuentes. Cuando estaban en familia, si nadie expresaba sentimientos, todo iba bien, pero aquel abrazo le había llegado al alma y Joan no pudo resistir la tentación del aquel pie dormido en los brazos de su papá.

El papá derramaba lágrimas por sus hijos y por su mujer. Abatido, y sin hacer resistencia, se levantó lentamente. Con la mirada perdida en el horizonte, se dispuso a caminar hacia la orilla. Joan soltó el pié. Sin duda un día de estos tendrían que tomar la decisión que tanto querían postergar.

16 junio 2008

la dignidad de la novela

¿Y que hago yo ahora? ¿Será verdad? ¿Como me puedo fiar de esa bruja? ¿Y si se equivoca? Ya sé que es una posibilidad remota, pero y, ¿si pasa? esa posibilidad remota sería la vida. ¿Quién me mandaría a mí ir a esa bruja de mierda? Encima uno le paga para que le den malas noticias, justo ahora que iba todo viento en popa. Jesús está ahí hablando y no me estoy enterando de nada porque sencillamente no me puedo concentrar. Siempre me ha ido mal escuchando a los demás en vez de escuchar mi propia intuición. Era ella la del sueño, no yo; y encima sueña conmigo, y soy yo la que tengo que ir a la bruja. Ahora me tocaría dar la vuelta al mundo todo pago como el tipo aquel de la película, que viaja por toda América porque le han diagnosticado una enfermedad incurable, y luego… bueno, desaparecer del mundo por error de diagnóstico.

¡Estoy sudando! Con el frío que hace siempre en esta sala…, estoy transpirando sin parar. Me sudan las manos; se me resbala la pluma. No alcanzo a agarrarla bien, pesa demasiado. Se me olvidó como se coge una pluma para escribir. Cada poro de mi cuerpo está full emanando efluvios. ¡Dios mío, y con el sentido del “humor” que tienen los venezolanos! el violín, la panadería… No puedo controlarlo.
Se me nubla la vista, el skyline de enfrente se hace difuso. Las siluetas se duplican y se anudan unas con otras. De cada nudo me llegan varios perfumes femeninos, distintos olores a cosméticos; una fragancia de hombre viene por la derecha. Se me mezclan los sentidos. Mis ojos captan todo tipo de olor con una agudeza prodigiosa, mientras los huecos negros de mi nariz vigilan atentamente el chorrear de mis manos torpes peleándose con esa pluma húmeda. Alguien come un caramelo de fresa. El sabor a fresa es tan fuerte que me hace llorar. ¿Quién será? siempre hay caramelos de menta sobre la mesa. El tinte de pelo se mezcla con el olor a cuero; detrás del cuero hay un tufillo a cigarro ¿Ya hicimos el descanso? Me viene un aroma a chocolate y nata, también a vino; a Jesús le gustan los buenos vinos ¿será que estamos celebrando?, ¿pero no está prohibido consumir bebidas alcohólicas en esta universidad? En la sala hay mil aromas diferentes que me emborrachan, pero no se enredan. Viene uno a uno, como si estuvieran alineados bajo algún criterio.
Me retumban las voces dentro y fuera. Oly se ríe; la bruja me habla; mi amiga al teléfono; “te vas a morir”; el teclado un de ordenador suena a toda velocidad; en la esquina se cayó algo al suelo. Creo que me voy a desmayar.

07 junio 2008

ejercicio de diario

4 de abril 2008

El día amaneció nublado, pero sin importarle a nadie porque todo el mundo sabe, que este es el momento de la toiletterie. Más tarde, según vaya avanzando el día, saldrá el sol con su luz y su calor, y empezará a repartir esos rayos generosos a toda esa población de aves, árboles y gente que se acaban de desperezarse. Todos se andan peinando, y lavando la cara. La Guacharaca ajusta las cuerdas de su caja rota; la golondrina emite su primer canto anunciando la mañana, el pájaro carpintero se pone manos a la obra, el cristofué vuela de hoja en hoja recogiendo agua para sus pequeños mientras afina su canto. Todos cantan formando la orquesta que al unísono anuncian la llegada del gran sol.
Sí, así sucede desde el primer día que llegué a Caracas. Ya hace un mes y una semana que vivo por acá. Y, hoy retomo a mis páginas de la mañana con algunas variaciones, como decía Borges, pero de nuevo las páginas de cada mañana. Las variaciones: el verde fértil y exuberante, que todo lo cubre, las flores de colores, que nadie pintó, la música, que nade estudió. Venezuela tiene más cantidad y variedad de aves que todo Estados Unidos e Inglaterra juntos, y éstas cantan durante todo el día. Un amigo me llamó el otro dia, y me preguntó que si vivía en una pajarería. Así es el telón de fondo duarnte las horas de luz.
Impresionada por la naturaleza de aquí, como una urbanitas occidental de las ciudades grises de allá, me la paso intentando integrar en la cotidianeidad todos los sonidos y los colores, que para mí pertenecen al mundo de lo extraordinario.
Llegué aquí después de toda esa planificación de meses, y estrategia bien organizada. Después de tener mi mente en pura logística, a todos los niveles desde los macrologístico-económicos y laborales, logístico-afectivos, hasta los logístico-sintéticos para poder entrar todo lo necesario en una maleta y media, llegué al objetivo. Es decir, llegué físicamente. A partir de ahí, he tenido que seguir llegando del resto de las maneras.

6 de abril 2008

Hoy empiezo mis páginas de la mañana en este nuevo libro de hojas blancas, hecho por un muchacho de la calle en Caracas, todo encuadernado y decorado. ¡Hace falta valentía para aprender un oficio como este sin tener casa y estar viviendo en la calle!
Sí, valentía y coraje es lo que necesito yo para seguir adelante en esta aventura de la escritura. Valentía para dedicarle un espacio cada día. No tener miedo a que no salga nada en mi mente, pero que salga en el papel, sea lo que sea.
Quiero pasar de mente a acción, de intelecto a cuerpo. Todo lo que me rodea aquí es cuerpo, y yo lo miro y lo miro con mis ojos de la mente, con mis ojos del corazón y el deseo, y así me quedo como una estatua de yoga, trofeo o promoción pero nada más.
¡CUERPO!, ¡CUERPO!, ¡CUERPO!, ¡CUERPO!
¡ESCRIBIR Y LUCHAR! ¡ESCRIBIR Y LUCHAR!
Me siento bien aquí. Hay algo que he sentido, y que creo que tiene que ver con el continente americano. Todo es más grande. Todo es más extenso y más intenso. Es como si aquí estuviera tirada a merced de la naturaleza. Es como si Europa te protegiera de esta inmensidad. Europa te protege de lo salvaje, de estar a merced de los elementos. Sientes que hay una estructura detrás.
¿Tendrá que ver con la pobreza? Bueno, tiene que ver y no tiene que ver. Pero aparte de esto hay una violencia en la naturaleza; el calor es más agresivo, el viento es más fuerte, el tamaño de la vegetación me hace sentir como Alicia en el País de las Maravillas. Hay una supervivencia obligada, aunque los mangos están ahí colgando, solo hay que recogerlos. Aquí nadie se muere de hambre. Nadie se queda niño tampoco. Nadie permanece inocente. Todo niño se convierte en hombre, y toda mujer está obligada a crecer. No hay adolescencia tardía. No hay protección. Los instintos pegan fuerte. El alma sigue el destino implacable de la naturaleza. El riesgo es la vida, pero el alma está a salvo. La vida hay que aprender a protegerla. ¿será esto una manera de curar el alma?

05 junio 2008

el secreto de Paula

television en blanco

-“Tiembla Barcelona, que llega Paula, y llega con el corazón roto por una traición de amor”.
Nunca quiso hablar de ese amor, sólo decía que era el único que había tenido, y el único que tendría. Llegó con su ambición toda entera. Ahora todo se lo dedicaría a ella misma. Sus sueños y ansias de poder, dinero y venganza estaban al máximo.
Llegaba a Barcelona con trabajo, y una habitación alquilada en mi apartamento. Trabajaría en la recepción del nuevo Hotel Sheraton. A ella no le importaban los cambios de horarios, ni los cambios en general. Para poder germinar, hay empezar desde abajo y no tener prisa, decía. Así que se empezó a organizar.
Se arreglaba todas las mañanas muy temprano para ir a su trabajo. Ella era bonita, delgada, morena y sabía como vestirse. Llegaba siempre puntual. Esto era muy importante y sabía cumplir con su deber correctamente. En el trabajo usaba ese acento gallego que tiene tanto charming. A le gente le gustaba, y siempre era excusa para entablar una conversación. Después de su trabajo, siempre volvía a casa directamente, se cambiaba de ropa, se preparaba algo para comer, y encendía la televisión. Delante de la pantalla, comían los dos, su gato y ella. Su gato era un regalo de su abuela. No era una gato como los demás. Era de porcelana y en el lomo tenía un huequito donde le colocaba una vela. Su abuela decía que, siempre que se sintiera sola, encendiera la vela de su gatito y, así estarían los 3 juntos.
Los 3 eran su abuelo, su abuela y ella. Desde los 6 hasta los 15 años había vivido con sus abuelos en una aldea de Galicia. Su abuela le enseñó a cocinar caldo gallego, lacón con grelos y todos los pescados que pasaran por la calle según el día. Recuerdo que todos sus platos tenían ese sazón gallego tan de aldea. Limpiaban juntas y veían la tele juntas. Le encantaba sentarse con su abuela en el corrillo de las vecinas, a la puerta de su casa. Allí, cada una se traía su silla y se pasaban la tarde tejiendo, y comentando los programas de la tele. Paula decía que también hablaban con las meigas para pedirles salud, amor y dinero. Ella sacaba su banquito, que le había hecho su abuelo especialmente para ella, y allí escuchaba todas aquellas historias.
El abuelo le había tallado el banquito de madera con su VICTORINOX. Siempre lo llevaba encima. Lo hacía todo con su navaja, pelaba las mandarinas que le daba gajo a gajo, tostaba el pan de la merienda al fuego, afilaba los corchos de las botellas de vino, abría la latas de conservas, y también se cortaba las uñas con ella. Todo esto lo hacía Paula también. El único que usaba un abridor para abrir una lata era yo, y cuando había vino ó cava en casa, los corchos de las botellas estaban tallados a la medida de la boquilla de la botella.
Cada día, al volver de trabajar, colocaba el gatito encima de la mesa de la sala, encendía la velita, y así permanecía encendida hasta la hora de acostarse. Después de comer, fregaba su plato y se instalaba de nuevo en el sofá a ver la televisión con su dulce gatito. Abría el gatito y preparaba sistemáticamente todo lo que iba a fumar el resto del día. Dentro del lindo gatito siempre tenía chocolate y todo lo necesario para hacerse unos porritos muy artesanales, entre otras herramientas el VICTORINOX que le había regalado su abuelo.
No fumaba otra cosa, solo chocolate. En el hotel había conseguido un camello que siempre la proveía de lo que necesitara. Por ese lado estaba tranquila.
Veía todo, absolutamente todo lo que dieran en la televisión: las noticias, todas las series, todas las películas y todos los documentales; todos los días de la semana, y varios canales a la vez. Reía con la tele, lloraba con ella, fumaba y hablaba con ella.
Entre las voces de la televisión y la nebulosa de la sala, a veces se oía:
- “Javieriño, oye, mira pásame un cenicero, ¿quieres? que este ya esta lleno.” Mientras alargaba un brazo que penetraba las nubes y salía por el lado en la dirección en la debía llegar el cenicero.
Después de un tiempo, empezó una nueva edición de Gran hermano. Paula empezó a verlo, también y se enganchó.
Empezó a ver Gran hermano con el éxtasis de los místicos, a leer todo sobre los ocupantes de la casa, sus procedencias, sus aficiones. No faltaba un día a la cita, y en la casa no se podía ver nada más que Gran hermano. Se empezó a encariñar con los personajes. Hablaba con ellos, peleaba con ellos, sentía compasión por unos, sufría por otros, lloraba porque a Joan, que era tan riquiño, le habían echado de la casa, y abrazaba a su gato en busca de comprensión. Odiaba a Belén porque era una hija de puta mentirosa, que no quería a Fernando, para nada, y deseaba y rezaba para que le echaran de la casa. Laura sentía celos de Ernesto y ella también. Las imágenes de sexo y lujuria entre Belén y Arnaldo le hacían hervir la sangre.
Hacia la mitad del concurso, tele5 anunció que ya se podía ver Gran Hermano las 24 horas del día por el módico precio de 20 euros al mes. Por supuesto que se apuntó, todos los detalles eran importantes, pero entonces el problema era el trabajo. Las horas que salía de casa para trabajar, se lo perdería. Así que solucionó este pequeño inconveniente con la compra de un video. Lo colocó en una banqueta enfrente de la tele para tenerlo todo más a mano. Compró docenas de cintas de video, y se organizó, como suiza que era, para grabar las 24 horas de Gran hermano.
Ahora cuando llegaba del trabajo, mientras veía lo grabado, grababa lo que vería más tarde. La televisión trabajaba a pleno rendimiento, y por supuesto el aparato ya no estaba disponible para nadie más a ninguna hora del día. Estaba funcionando día y noche.
Nadie preguntaba por ella al teléfono, sólo su hermano que llamaba a veces de Suiza, y entonces se ponía a hablar en alemán. Cuando hablaba alemán parecía otra persona. Tenía otro tono de voz, era más dulce y hasta los rasgos de la cara le cambiaban. Un día, en medio de todas aquellas palabras alemanas, escuché el nombre de Arnaldo, uno de los ocupantes de la casa, y se me calló el mito. A su hermano, le hablaba de Gran Hermano, ¿también? Su hermano veía Gran hermano en Suiza por el canal internacional o ¿que? ¡Su vida era gran hermano hasta en alemán!
Le gustaba Arnaldo, definitivamente. Ella decía que sería el ganador, el último en salir de la casa, que era guapo, honesto, inteligente, simpático, y que todas las tías estaban enamoradas de él, pero que él sabía como manejar a todas esas putas.
Ella tenía siempre su cuarto cerrado. No le gustaba que nadie lo viera, yo que era su compañero de piso, ni sabía como lo tenía decorado. Hasta que un día, me lo enseñó ella misma. Me abrió las puertas de su santuario, y me mostró todas las paredes empapeladas con fotos de Arnaldo, en varias posturas y posando desnudo incluso para la revista Interviú. Me dejó entrever los distintos instrumentos sexuales que utilizaba para satisfacer su deseo por el héroe de Gran hermano.
-“oye, ¿no crees que estás un poquito obsesionada con el tema?”, dije yo en mi habitual tono prudente.
Desde ese día me retiró la palabra. Nunca me volvió a dirigir ni la mirada. Ahora ya solo estaba su gato, su Gran Hermano, las esporádicas llamadas desde Suiza y nada más.
En el último mes del concurso, dejó el trabajo para verlo todo en tiempo real.
Su héroe estaba ganando. Ya solo quedaban 2 personas en la casa. Arnaldo y Belén. Al lado del video había levantado un altar en el que quemaba fotos de Belén, y hacía conjuros y rituales en gallego para ayudar a Arnaldo en su victoria.
El último día de Gran hermano llegó. La victoria fue para Arnaldo, como ella había vaticinado. Cuando la presentadora verbalizó el nombre del vencedor, ella lo hizo también, casi simultáneamente, mirándole a los ojos, como si la estuviera hipnotizando.
-“El vencedor de Gran Hermano en esta 5ª edición es AR-NAL-DO” pronunció lentamente Mercedes Milá. Era un día de fiesta. Abrazó al gato, a mí, a la tele, al vídeo, a todo lo que encontraba a su paso.
Se metió en su habitación, se puso sus mejores galas y dijo:
-“salgo a celebrarlo. Chao!”
No me lo podía creer. Salió de la casa, ella también. ¡Por fin, podía respirar!. Abrí las ventanas, y me serví una copa de whisky. Yo también estaba celebrando.
A la mañana siguiente, no había vuelto a casa todavía. Al principio me iba a preocupar, pero fueron más las ganas de estar solo y tranquilo en casa, que la preocupación. Volví del trabajo, y todavía no había regresado. Me preparé algo de cena, y encendí la tele. Se me hacía raro todo tan en silencio. Me puse a ver las noticias y escuché:
“Asesinado con arma blanca, el héroe de Gran hermano. El autor del crimen ha sido hallado, y puesto en manos de la justicia. Inconscientemente abrí el gato que estaba encima de la mesa y el VICTORINOX no estaba.
Alcé la vista rápidamente, y ví a Paula en la tele. Paula estaba saliendo por la tele, pero no en el concurso de Gran hermano, sino en el telediario.