27 octubre 2008

llamada perdida

Nuestra relación es básicamnete táctil. No pasa un día sin que deje mis huellas sobre tí. Te busco en mi bolso, en la chaqueta, en el pantalón. Un simple toque y me quedo tranquila, sabiendo que seguimos juntos.
Otras veces eres tú quien me buscas, con un guiño, con un ring desesperado. En ocasiones me desconciertas, y, auqnue sé que estás ahí, me cuesta dar contigo. Revuelvo todo mi bolso, saco todas las cosas, y tú sigues ahí escondido gritando cada vez más alto. Tu carcajada escandalosa se burla de mi trajín inútil. A veces no llego, y cuando te encuentro, veo tu mensaje mudo, que dice: llamada perdida.

el virus de la tristeza

En mi frutero siempre queda la misma naranja sola y enferma. Sus poros de luz se cerraron mirando hacia adentro. Tiene la piel de cuero seco por la amrgura de su propio juego concentrado y acre.

18 octubre 2008

Ray Bradbury on writing

14 septiembre 2008

la chambre de bonne

Obra: Beatriz Plaza. Foto: María José Rueda

La primera noche que dormí en aquel cuarto, me dio la bienvenida una lluvia torrencial. En lo alto de aquella torre, las gotas golpeaban el tejado de zinc con la fuerza de un batallón de niños aporreando un gran tambor de hojalata.
Desde la cavidad del tambor, recibía el estruendo metálico magnificado por la caja de resonancia. ¿Sabes cual es el secreto mejor guardado de París? Me susurraba la oquedad del cilindro. En la ciudad de la luz llueve una media de ciento cincuenta días al año. No estaba más cerca del cielo a secas; vivir en el último piso tenía algunas ventajas.
Arropada bajo el edredón de mi camita recién estrenada, me obligaba a cerrar los ojos para combinar con los tonos de la noche, pero parecía que abiertos fuera su posición natural, igual que la del resto de los sentidos. El gris de la habitación se había escapado por la ventana, y había pintado las escamas de los tejados de enfrente, los canalones, gárgolas y chimeneas, como si fueran los restos de una gran convención de gatos. Las raspas y las latas chorreaban agua, y ésta se precipitaba al fondo de ese patio hueco, alto y delgado, que devolvía hacia arriba el eco de un grito ahogado.
El cielo sin luna se veía gris plomizo y emanaba un resplandor que barnizaba en plata los restos del convite de un solo lengüetazo. Mil violinistas tocaban en cada tejado, para encantar a la gran serpiente dorada que emergía por encima de todos los tejados, la única criatura de la noche que no era gris, la gran columna de luz dorada que desafiaba al cielo con estrellas propias, la gran vigía de la ville, a la que se le rendía culto incluso en noches como está.
El faro, penetraba la noche. Me sentí cómplice de todos los devotos de la gran columna de luz, y me dormí aferrada a ella con la confianza de que los violinistas siguieran tocando toda la noche y ella dirigiera el barco certeramente, sin naufragar.

21 agosto 2008

el sueño del caracol

bichos


No me siento para nada comprendida con respecto a mi fobia con los animales y los insectos. Lo vivo yo sola. Si se me ocurre comentar una cosita de nada, me mira como si me fuera a comer, como si el temita le hiciera la vida imposible. "No haces ningún esfuerzo", dice. Yo ni siquiera viviría en esta cabaña en medio del bosque. Odio vivir en una casa. Odio la planta baja. Siempre hay humedad y no hay luz; el lugar perfecto para todos estos detestables animales.
Me paso las horas vigilando el suelo en busca de cucarachas, hormigas, culebras y ratones, pero mientras vigilo por abajo, entran los mosquitos, las moscas y las avispas por arriba. Como no puedo atender los dos espacios a la vez, tengo el cuerpo lleno de picaduras. Mientras espío a los rampantes, hacen de las suyas los voladores. Todas las puertas y ventanas tienen mallas, debajo de la puerta también, por si entra una culebra, y siguen entrando. Esto es un bosque frío y aburrido en medio de Europa, pero parece el trópico.
El sábado, mientras cortaba el césped, encontró una culebra en el jardín ¡Dios mío! tan pequeña y delgada... se podía colar por cualquier rendija. "Por tu culpa", me dijo. "Si dejas crecer el césped, se crea un ecosistema y rápidamente los animales lo habitan, pero como querías viajar...! Un jardin necesita atención y lleva mucho trabajo. A ver si te entra en la cabeza. Il faut cultiver son jardin, Rousseau. ¿Te suena?"
Ahora me vino con estas. Rousseau, por tu culpa ya no se puede salir los fines de semana; el señor jardín necesita atenciones y cuidados. Yo también vivo en esta casa, y también los necesito.

18 agosto 2008

de la nada

Manos para crear belleza,
Ojos para mirar sueños,
Corazón para darse
a la infancia y al arte
Beatriz Plaza

Una pelota de barro sobre la mesa del taller deseaba le tomara un corazón sensible y le sacara de adentro la forma. Se concentró intensamente y de pronto, una mano la escogió. Esto de concentrarse funciona, pensó.
Dos manos curiosas la acariciaban y una mirada profunda se esforzaba en ver la forma que ocultaba en su interior. Las manos empezaron por amasar la esfera para sacar el aire y sentir la textura. Volvió a convertirse en pelota, pero esta vez más compacta, más húmeda y más blanda.
¡Flooor!!, gritó en un lenguaje y volumen desconocido para aquellas manos y aquellos ojos, o tal vez no. Los dedos se hundían dentro de ella, y varias formas florecían solas. Mientras los ojos de la mano penetraban su secreto, ella miraba la otra pelota de arriba. Parecía hecha de barro también, pero ya estaba modelada, pintada y horneada. El fuego había premiado el trabajo, y le había dado un soplo de vida. Los ojos penetrantes eran color castaño con unas pestañas largas, los labios gruesos y rosados, y la nariz no muy agraciada. Aquellas manos escultoras no sabían hacer narices, definitivamente.
No eran tan diferentes después de todo, concluyó, seguro, me entiende, y siguió cantando, flor, floor, flooor, mientras se dejaba modelar seducida por las caricias y el baño de agua. Aquellas manos amorosas, guiadas por el corazón, escucharon su canto y surgió la forma: primero el palito largo y estrecho; encima una bolita que luego pintarían de amarillo. Una, dos, tres, cuatro, hasta cinco alas le brotaron alrededor, ¿Qué criatura era esta? Otra ala, que luego sería verde, le salió del tallo. Y por fin entendió. No se trataba de ninguna criatura. Se trataba de su sueño ¡era una …....!
Ahora sólo quedaba la emoción del fuego, el misterio de la vida.