10 diciembre 2008

épica, dramática y lírica del teléfono

El primer aparato que revolucionó las comunicaciones era negro, grande y con una rueda gigante llena de números, que había que girar para hacerlo funcionar . Inicialmente estaba colgado de la pared, a la altura de la vista. Después cambió de color y de forma, pero conservó la rueda giratoria. El nuevo teléfono decoraba los recibidores y las mesas de los despachos. Las secretarias de todos los países giraban y giraban aquella rueda docenas de veces al día, insertando su dedo índice en los agujeros del 1 al 0.
De pronto, un dedo quedo atrapado en la rueda giratoria de uno de estos teléfonos de colores. Era demasiado grande para aquel agujero pequeño y femenino. Marcar en los teléfonos de rueda requería cierta agilidad manual. El numero cero atrapó el dedo de Juan, campesino y albañil, en el primer intento. El agujero le apretaba la yema del índice, señalándole con un NO PASARAS.
Hoy, "mi celular es negro los lunes, limón los martes, durazno los miércoles, chocolate los jueves, fresa los viernes, azul turquesa los sábados y blanco los domingos" nos contaba su hija por teléfono.

01 diciembre 2008

a cuarenta por la autopista

─¡Coño! ¡que paradoja es la vida! Todos ahí jodidos currelando para manducare... que si la parienta, que si loh chiquilloh, que si la madre, la parienta… que sé yo…y yo aquí tumbao, pasándomelo de puta madre. Sólo me faltan un par de tías y unas copas, por lo demás... aquí escuchando musiquita, con mi María que de vez en cuando viene a darme una caladita, de puta madre, joder. Lo único jodido es la puta tele esta, que no hay una mierda… mal rollo la caja tonta esta…. Mariiia, Mariiia… ¿Y ahora donde se ha metido la tía esta, joder? Antonio, tío, que estás sólo, que la María se ha ido….Pero tú no necesitas a nadie joder… ¿Pa que quieres a la momia esa? ¿Sabes qué, caparranas?, ¿estás pensando lo mismo que yo? Vámonos. Somos un equipo del copón tu yo. Pa qué necesitamos al resto. Nos lo vamos a montar de copas tu yo joder. Arranca y tira millas que nos vamos a tirar un pegote de los que hacen historia. Sexo y Rock & Roll, tronco. El mundo es nuestro.

Con una parálisis del 95 por ciento y a 20 km/hora por la autopista que une el Ferrol con Villalba en Coruña, Antonio Navarro (alias el caparranas) y su camilla, ─a veces mujer, a veces ferrari─, emprendieron ruta al Ferrol en busca de un poco de sexo y copas para matar la tarde.

─Tira millas Alonso, no seas maricón, que vamos a comernos unos chochos jugositos.

Y canturreando, aceleró su vehículo a 40km/hora:

─Soy un macarra/ soy un hortera/ y voy a toda hostia por la carretera.

A los tres kilómetros de ruta, fue interceptado por la policía y devuelto a casa al lado de su María. Lo que nunca le aclararon a María es porque le detuvieron: por doblar la velocidad máxima de su transporte, por ir demasiado lento en la autopista, por uso de vehículo inadecuado por la autopista, por llevar encima drogas superior a la cantidad de consumo personal permitida, por conducir colocado. Todas estas razones figuraban en el papel que le había entregado el agente pero ninguna casilla estaba marcada. Pensó, "La policía siempre tiene algo que inventar”, y tiró el papel a la basura, mientras le daba una caladita de maría a su Antoñito.

12 noviembre 2008

la profesional

Yo no leo poesia.
No puedo memorizar los versos,
¿Para qué vale memorizar unos versos?
No le encuentro el sentido.
Además, no la entiendo.
Me parece muy dificil.
Sólo leo prosa.

Odio los animales.
No me gustan los perros ni los gatos.
Te llenan todo de pelos.
Detesto los insectos, arañas y cucarachas.
Nunca había tenido una mascota,
y la primera que tuve fue una rosa
¡Sí, soy algo exótica!

Nunca me pongo enferma.
Soy fuerte y valiente,
además, suelo estar de buen humor.
No me gusta la fragilidad en los otros.
Me pone nerviosa que se pongan enfermos.
No sé como cuidarlos.

Soy muy racional.
Siempre necesito un cadaver.
Entiendo de derechos y deberes.
Mi cabeza está separada de mi cuerpo.
No me gusta tocar a la gente.

Nunca entendí porque la gente corre detrás del sexo.
Nunca me interesó,
pero, no se preocupe,
sé hablar de ello como la más viciosa.
Me he despojado de mi sexualidad.
¡demasiados problemas...!

No busco pareja.
No quiero que nadie desestabilice mi tranquilidad.
No me gusta que me agobien.
Quiero que me dejen en paz.
Nunca he pronunciado las palabras “te quiero”,
y jamás lo haré.

Sé vender bien,
para no comprar.
Yo, tampoco estoy a la venta.

Le tengo respeto a la noche,
pero, lo mío es el día,
el reino de la luz.
No me asusta la soledad,
siempre he estado sola.

Mi feminidad no es una debilidad.
Es mi fortaleza.
Tenía miedo de que me subyugaran.
Ahora veo que es imposible.
Empiezo a entender de intuiciones y de magia.
Sé donde está el verdadero poder,
y no hay marcha atrás.

¿Aún cree que quiere contratarme?

27 octubre 2008

llamada perdida

Nuestra relación es básicamnete táctil. No pasa un día sin que deje mis huellas sobre tí. Te busco en mi bolso, en la chaqueta, en el pantalón. Un simple toque y me quedo tranquila, sabiendo que seguimos juntos.
Otras veces eres tú quien me buscas, con un guiño, con un ring desesperado. En ocasiones me desconciertas, y, auqnue sé que estás ahí, me cuesta dar contigo. Revuelvo todo mi bolso, saco todas las cosas, y tú sigues ahí escondido gritando cada vez más alto. Tu carcajada escandalosa se burla de mi trajín inútil. A veces no llego, y cuando te encuentro, veo tu mensaje mudo, que dice: llamada perdida.

el virus de la tristeza

En mi frutero siempre queda la misma naranja sola y enferma. Sus poros de luz se cerraron mirando hacia adentro. Tiene la piel de cuero seco por la amrgura de su propio juego concentrado y acre.

18 octubre 2008

Ray Bradbury on writing

14 septiembre 2008

la chambre de bonne

Obra: Beatriz Plaza. Foto: María José Rueda

La primera noche que dormí en aquel cuarto, me dio la bienvenida una lluvia torrencial. En lo alto de aquella torre, las gotas golpeaban el tejado de zinc con la fuerza de un batallón de niños aporreando un gran tambor de hojalata.
Desde la cavidad del tambor, recibía el estruendo metálico magnificado por la caja de resonancia. ¿Sabes cual es el secreto mejor guardado de París? Me susurraba la oquedad del cilindro. En la ciudad de la luz llueve una media de ciento cincuenta días al año. No estaba más cerca del cielo a secas; vivir en el último piso tenía algunas ventajas.
Arropada bajo el edredón de mi camita recién estrenada, me obligaba a cerrar los ojos para combinar con los tonos de la noche, pero parecía que abiertos fuera su posición natural, igual que la del resto de los sentidos. El gris de la habitación se había escapado por la ventana, y había pintado las escamas de los tejados de enfrente, los canalones, gárgolas y chimeneas, como si fueran los restos de una gran convención de gatos. Las raspas y las latas chorreaban agua, y ésta se precipitaba al fondo de ese patio hueco, alto y delgado, que devolvía hacia arriba el eco de un grito ahogado.
El cielo sin luna se veía gris plomizo y emanaba un resplandor que barnizaba en plata los restos del convite de un solo lengüetazo. Mil violinistas tocaban en cada tejado, para encantar a la gran serpiente dorada que emergía por encima de todos los tejados, la única criatura de la noche que no era gris, la gran columna de luz dorada que desafiaba al cielo con estrellas propias, la gran vigía de la ville, a la que se le rendía culto incluso en noches como está.
El faro, penetraba la noche. Me sentí cómplice de todos los devotos de la gran columna de luz, y me dormí aferrada a ella con la confianza de que los violinistas siguieran tocando toda la noche y ella dirigiera el barco certeramente, sin naufragar.