21 agosto 2008
bichos

18 agosto 2008
de la nada
Manos para crear belleza,Ojos para mirar sueños,
Corazón para darse
a la infancia y al arte
Beatriz Plaza
Dos manos curiosas la acariciaban y una mirada profunda se esforzaba en ver la forma que ocultaba en su interior. Las manos empezaron por amasar la esfera para sacar el aire y sentir la textura. Volvió a convertirse en pelota, pero esta vez más compacta, más húmeda y más blanda.
¡Flooor!!, gritó en un lenguaje y volumen desconocido para aquellas manos y aquellos ojos, o tal vez no. Los dedos se hundían dentro de ella, y varias formas florecían solas. Mientras los ojos de la mano penetraban su secreto, ella miraba la otra pelota de arriba. Parecía hecha de barro también, pero ya estaba modelada, pintada y horneada. El fuego había premiado el trabajo, y le había dado un soplo de vida. Los ojos penetrantes eran color castaño con unas pestañas largas, los labios gruesos y rosados, y la nariz no muy agraciada. Aquellas manos escultoras no sabían hacer narices, definitivamente.
No eran tan diferentes después de todo, concluyó, seguro, me entiende, y siguió cantando, flor, floor, flooor, mientras se dejaba modelar seducida por las caricias y el baño de agua. Aquellas manos amorosas, guiadas por el corazón, escucharon su canto y surgió la forma: primero el palito largo y estrecho; encima una bolita que luego pintarían de amarillo. Una, dos, tres, cuatro, hasta cinco alas le brotaron alrededor, ¿Qué criatura era esta? Otra ala, que luego sería verde, le salió del tallo. Y por fin entendió. No se trataba de ninguna criatura. Se trataba de su sueño ¡era una …....!
20 julio 2008
formas discursivas
Ana y Maria Eugenia, dos amigas de la infancia se encuentran después de veinte años fortuitamente en la cola del mostrador de información del aeropuerto internacional de Frankfurt, en plena huelga de trabajadores de Lufthansa. Ambas intentan averiguar cuando saldrán sus respectivos vuelos en medio de todo el caos. Han cancelado más de 300 vuelos en esa misma jornada.Ana regresa de Sudáfrica, de un viaje de trabajo. Es periodista. Está casada y tiene dos niños, que la están esperando en el aeropuerto de Madrid. Está más gorda, pero de cara no ha cambiado nada.
Maria Eugenia es guionista. Hoy viaja a Colombia porque se va a instalar en Bogotá, con su marido y 6 hijos. Están todos juntos en el aeropuerto, y se los va a presentar a su amiga, cuando se oye por los altavoces que tienen que evacuar el aeropuerto por un aviso de bomba.
Todo el mundo empieza a correr y se genera más confusión de la que había. Muchos se pierden de vista, incluidas Ana y María Eugenia.
De: María Eugenia <mariaeugenia@hotmail.com>
Asunto: Estamos sanos y salvosA: mamaypapa@yahoo.com
Fecha: lunes, 14 julio, 2008, 10:37 am
Querida mamá,
Te mando un email desde aquí del aeropuerto de Frankfurt. Sí ya sé que a estas alturas deberíamos estar en Bogotá felizmente instalados en nuestro nuevo hogar, pero no, seguimos aquí en el aeropuerto esperando noticias sobre nuestro vuelo. No ha salido ni un vuelo todavía desde que llegamos a Frankfurt, y ya llevamos aquí casi días. Hay una huelga tremenda y el aeropuerto está colapsado. Cada vez somos más gente, porque los vuelos llegan y llegan, y todos nos vamos quedando aquí. No sé cuanto tiempo tendremos que esperar pero con los niños y toda la gente que hay, se está haciendo difícil la espera. Nos vamos turnando Jorge y yo, porque no podemos ni ir al baño. Solo nos faltaba que se nos perdiera alguien.
Por cierto te imaginas, en medio de todo este caos, a quien me encontré ¿Te acuerdas de Ana, Ana Torrent? Mi amiga de las Teresianas, que venía a veces a cocinar a casa, la que a ti no te gustaba porque decía que comíamos el jamón con las manos, ¿te acuerdas? Pues venía de Sudáfrica. Es periodista de la Agencia EFE y vive en Madrid con su familia. Como nosotros, esperaba una conexión a Madrid. La verdad es que no pudimos hablar mucho, porque en medio de todo este lío, hubo un aviso de bomba en el aeropuerto, y hubo que salir pitando. Imagínate con toda la gente, y los niños.
Todo el mundo estaba furioso, pero cuando anunciaron por los altavoces que teníamos que desalojar el aeropuerto porque había una bomba, todas las caras se quedaron pálidas. Hubo un minuto, que todo el mundo se quedó en silencio. El alboroto de las protestas se silenció de golpe. Fue como si alguien hubiera puesto la pausa en el video. La vista de todo ese gentío mudo me puso los pelos de punta. A mí me asustó más ese silencio que el anuncio de bomba. Fue una cosa monstruosa. ¿Qué fue lo que hizo callar a toda esa gente? No sé, pero el silencio nos asustó hasta tal punto que parecía que nos iba a romper los tímpanos. Era como esa calma chicha de la que habla papá cuando sale con su lancha. Sólo fue un minuto, pero nos pareció una eternidad. El silencio llenaba todo con un espesor que nos robaba el aire. En eso que Alba María rompió a llorar. Te puedes imaginar los gritos, las carreras y el desorden que se instaló de repente. Aparecieron policías de todos lados. Nos sacaron del aeropuerto en un tiempo record. ¡Menos mal que no llovía! Salimos todos a las pistas donde estaban los aviones, y allí esperamos sin un lugar donde sentarse, sin agua, sin nada de na-da; nos obligaron a dejarlo todo dentro de la terminal. A las dos horas, ya sabes como son estas cosas, anunciaron por los altavoces que podíamos entrar de nuevo, y aquí estamos esperando otra vez.
Estamos todos bien y ya os iremos informando. A medida de que vayan cambiando las cosas.
Besos a los dos.
M.Eugenia
19 julio 2008
en cinco miuntos
La casa parecía vacía, pero en la ventana se veía el rostro de una hermosa joven pelirroja, de ojos azules. Al mismo tiempo que se oía su canto, se oía el chirriar de la cuerda, como si estuviera tendiendo ropa, pero no era más que el ritual de todos los días: le estaba bajando el periódico al abuelo del primer piso con la polea. Ellos se lo intercambiaban todos los días, uno lo compraba un día y el otro, otro día.Hoy, le había incluido algo más con el periódico. Le había metido un par de cigarrillos -que se supone no debía fumar- pero el abuelo era generoso con ella, pobrecito; total dos cigarrillos arriba o abajo no iban a ser nada del otro mundo ¿no?
18 julio 2008
chao próspera

Próspera se despertaba en cuanto que escuchaba la voz de Carlina cada mañana. Esta mañana Carlina dijo: “hoy Próspera me recibió con la boca abierta” y la puso en el fregadero de la cocina, después se fue. Yo la metí en su bañerita después y nunca más se movió. Al cabo de una hora, tenía la misma postura; me extrañó. Tenía los ojos cerrados. Aún me extrañó más. La puse debajo del grifo, le hablé, y como no reaccionaba, instintivamente la agité como un mouse, su cabeza se balanceó inerte para cada lado, diciéndome que no. La solté y su concha sonó como la jabonera del baño. Sus patas no amortiguaban el aterrizaje. ¡Estaba muerta! ¿Qué pasó? ¿Se envenenó? ¿Con qué? ¿Como? ¿Con el agua? Pero si era fresca.
Ya pasaron dos horas y sigue ahí espatarrada en el agua. Es curioso, como mirando su caparazón, sus patitas y su cabeza, uno siente que todavía está aquí, que en realidad no pasa nada. Mira que se quede con nosotros aunque esté muerta.
He llamado a Carlina para contárselo. Que angustia. Recuerdo que un día se me perdió en el jardín, y me asusté toda. Bajé con escoba y rastrillo para peinar la zona y encontrarla. Si se me pierde Próspera ¿qué le digo a Carlina? ¡Que disgusto! Hoy, la tengo que llamar para decirle entre lágrimas que no se mueve, que no sé que tiene, que parece como muerta. No me creyó. Me dijo que las morrocoyitas son así, que le hable en venezolano, o que la deje en paz, que luego ella ya se moverá, pero yo siento que no, que hoy es diferente. Pero yo como soy españoleta y no me gustan los animales, no me entero. Y yo que no era eso. También me dijo que a lo mejor se había envenenao con tanto flee y tanta vaina. A lo mejor respiró el flee de anoche cuando entró aquella cucaracha voladora. Las morrocoyitas absorben las malas energías. Que seguro que se sacrificó por nosotras, y se agarró algo que no era para ella.
Próspera, chao. Tu vida fue muy corta pero muy próspera. Gracias por tus enseñanzas, por las estrategias de escritura, por enseñarme a no desesperarse cuando a uno no le salen las cosas porque siempre hay una manera, y que no necesariamente por correr uno llega antes, sino más bien todo lo contrario. Adelante.
La naturaleza es así de salvaje, y hermosa a la vez, triste y alegre. Aquí donde no hay estaciones, todo nace y muere a la vez cuando puede y como puede.
30 junio 2008
la dentadura
Habían pasado un día estupendo todos reunidos en la playa. Los niños jugaron todo el día en el agua, corrieron por la playa y construyeron castillos medievales con muralla y foso para detener las olas. Ya estaban cansados y tocaba irse. Así que recogieron todos los bártulos y se despidieron del resto de la familia. En medio de todos los besos y abrazos, una dentadura robusta se enganchó al pie de Andrés, que dormía en los brazos de su papá.
El papá sintió el tirón y, casi simultáneamente el espasmo del cuerpo de su hijo retorciéndose de dolor. Sujetó a Andrés con fuerza, lo apretó contra su pecho. Tiraba de él como si así pudiera arrancarlo de aquella dentadura implacable, pero las mandíbulas no cedían; parecía que se habían encallado. Los mocos que bajaban de las fosas nasales, la saliva que brotaba de la boca, y el líquido rojo que empezaba a emanar de la herida manchaba aquella dentadura grande y blanca. Alrededor de ella, una mueca y una mirada perdida en el vacío, que sentía la culpa.
La mamá empezó a pegarle a destajo. Le golpeaba allí donde le cayera la mano, en la cabeza, en la espalda o en la boca. Le gritaba entre sollozos: “Joan, suéltale el pié. Suéltale, te digo”, pero él recibía los golpes estoicamente. Nadie sabía que hacer. ¿De quién era la culpa? El niño no sabía lo que hacía. No había querido hacerle daño, pero cada vez estaba más grande, y tenía más fuerza. Últimamente los brotes de violencia eran más frecuentes. Cuando estaban en familia, si nadie expresaba sentimientos, todo iba bien, pero aquel abrazo le había llegado al alma y Joan no pudo resistir la tentación del aquel pie dormido en los brazos de su papá.
El papá derramaba lágrimas por sus hijos y por su mujer. Abatido, y sin hacer resistencia, se levantó lentamente. Con la mirada perdida en el horizonte, se dispuso a caminar hacia la orilla. Joan soltó el pié. Sin duda un día de estos tendrían que tomar la decisión que tanto querían postergar.
