14 marzo 2009

imprecisión

Durante mi adolescencia, en la década de los cincuenta, fui a visitar a unos amigos que vivían lejos de la ciudad. Un día íbamos dando un largo paseo y discutiendo sobre la letra de la canción. Yo sostenía que la letra decía “El amor es un algo sin nombre” y uno de mis primos afirmaba que decía “El amor es algo muy grande”. Mientras caminábamos vi un pedazo de papel tirado en la acera. Lo recogí y era la partitura de esa misma canción. Y ahí acabó la discusión. Yo tenía razón, por supuesto.

Y ¿sobre qué tenía usted razón?

Sobre la letra de la canción.

¿El amor es un algo sin nombre?

Bueno, es un algo que no se puede explicar.

Un algo…

Bueno, es una cosa…

Una cosa…

Quiero decir una sensación, como una conmoción, una emoción o un sentimiento. Es como una sacudida, una punzada en el corazón o en el estómago. Es como un desasosiego que te genera angustia, dolor, hambre… es como una zozobra. Está y no está. Uno siente como que se le hincha el pecho de aire y el aire sigue entrando pero ya no cabe más. Es un hormigueo constante….uno se siente bien y mal a la vez. Es como tener frío y calor al mismo tiempo.

Le ha puesto usted varios nombres a ese “algo”.

Bueno, sí, pero es como todo eso a la vez y eso todo junto no tiene nombre.

Tal vez habla usted de algo muy grande.

Sí desmesuradamente grande. No cabe en ningún lado. Es más grande que el mar. A veces pienso en la parábola esa de la biblia donde hay un niño llenando un agujero con agua del mar, y resulta que era Dios disfrazado de niño, y le dice al forastero que el tardará menos en llenar el agujero con el agua del mar, que él en entender el misterio de la Santísima Trinidad.

 Ese algo que no tiene nombre, ahora es grande también. Es líquido y se desborda.

Sí.

¿Y tiene connotaciones religiosas?

No y sí. Es como mágico, como de otro mundo, como difuso, imposible, como que uno no puede con ello.

Usted no puede con ello.

No. Es algo muy pesado y ligero a la vez. Te hunde en la tierra y te hace sentir elevado. No se puede agarrar. No se puede aprehender.

Hábleme de la parte ligera de ese peso.

No sé… ir de la mano, una melodía, el cabello, la voz, el calor, caricias, labios…

Hábleme ahora de la parte pesada.

Ese dolor en el pecho, esas miradas, ese “vamos ¿quieres escribir en mi libro?”, el desorden, la intimidad…

Dígame el verbo de la palabra intimidad. Ahora.

Intimidar.

Terminamos aquí la sesión por hoy. Nos vemos el próximo martes a la misma hora.



06 marzo 2009

El Crómlech de Crúor









Yo creo
Tú crees
Ella cría
El criba
Nosotros croamos
Ustedes croman
Todos se creman

En el taller de Beatriz Plaza

28 febrero 2009

Marte, el planeta rojo


De aquella jaula
aún queda en la pared
el clavo inútil.
Palmira (Valencia)


Guido hacia todos los días lo mismo. Habia aprendido que la disciplina era necesaria, pero cada día la misma historia, ya empezaba a aburrirle. Se levantaba todos los días a las cinco dela mañana; hacia gimnasia con los aparatos que le había comprado Lola, a plazos; después, tocaba ducharse y desayunar con su mujer y sus hijos. Cuarenta y cinco minutos de vorágine, gritos carreras y desayunos rápidos hasta que los cuatro salían despedidos por la puerta a las 7 y 23 minutos -el incluido-, con la particularidad de que Guido se quedaba enganchado en el marco de la puerta, y desde allí se despedía de todos.
Hoy, en el silencio humeante después de la estampida, se dio media vuelta y sintió como le miraban fijamente todos aquellos platos y tazas sucias del desayuno, los posos del café, las migas de la tostadora, las servilletas con labios de fresa acida... Ahora, le tocaba poner orden en todo aquello. Guido, podíamos decir, era el amo de casa. Esta era su nueva profesión desde que su linda esposa consiguiera canjear los anos que le quedaban de prisión por arresto domiciliario.
Se supone que en vez de pudrirse en la cárcel, mejoraría su calidad de vida, fermentando en casa. Lo decía clarito aquel escrito, magistralmente redactado: “solo podría abandonar el recinto domiciliario (osea la ‘casa’) en caso de estricta emergencia, véase enfermedad grave o accidente”.
Iban ya para cinco anos que no abandonaba aquellas paredes que golpeaba ahora con sus manos desde el marco de la puerta. Se sabia de memoria cada rincón de la vivienda. Tenía un mapa en la cabeza de todas las manas y transformaciones discretas de la casa. La mancha de la pared que parecía un dragón blanco atrapado bajo el papel del pasillo, la tortuga aplastada que yacía de subida a las habitaciones y la cresta de dragón que salía cada mes debajo del fregadero; también estaba la esquina rota bajo la moqueta del cuarto escalón, y la lavadora loca que cuando centrifugaba se acomodaba en medio de la cocina. En un rato, el sol convertiría en el planeta rojo, la esfera del balaustre de la escalera y a esa hora ya debería haber terminado de recoger la cocina y los baños.
Cada día se abrasaba la mano que le quedaba libre en aquella bola incandescente, al bajar todos los bártulos de limpieza. Cada día se juraba y perjuraba que no agarraría nunca mas esa bola de fuego para bajar las escaleras, pero aquel escalón defectuoso le bufoneaba, y como un acto reflejo volvía a abrazar al pequeño Marte.
Un ligero olor a chamuscado se paseo por su nariz. Se toco la palma de la mano –todo estaba bien-; de reojo miro a Marte, que aun dormía. Los olores eran otra huella indeleble del mapa. Su pituitaria guardaba un registro actualizado de todos los olores de la casa por momentos. Por ejemplo si ahora, en vez de ir a atender a todos aquellos platos mugrosos de la cocina, subía al cuarto de los niños, notaria ese tufillo a chicle de fresa viejo con colonia y a sudor de clase de gimnasia; por el contrario si pasaba por allí después de comer, los ordenadores y los muebles pareciera que se hubieran confabulado y segregaban una fragancia a plástico y madera que desaparecía por la tarde. Si ahora decidía tumbarse en su cama, seria invadido por el bálsamo pijama arrojado y condón furtivo, derramados ambos a su libre albedrio por la geografía rectangular del cuarto; si en cambio resolvía sentarse cómodamente a leer en el salón, degustaría el olor a polvo mas tapicería descolorida, alentado por el foco solar que cruzaba los vidrios de la sala revelando la danza redonda de todas aquellas burbujas diminutas girando hacia arriba en aquel tubo de luz amarilla, que provocaba agarrar y bebérselo de un trago.
Inmóvil en la puerta, parecía una estatua de cemento autofraguante por fuera; por dentro, todos sus microorganismos estaban enviando mensajes y tomando decisiones a toda velocidad: café, mugre, dragón, Marte, gimnasio a plazos, sofá, champagne, en busca del codón perdido, puerta, adiós, niños, silencio, despertador.
Se quito el delantal de rayas, agarro su bastón y dijo:
-Que se queme la casa, para fermentar aquí, me pudro en la cárcel.

27 febrero 2009

Como hacer PAN




- Mama, PAN.
Y la mato.

On short stories

23 diciembre 2008

FELIZ Y CREATIVO 2009

Escaparate de una tienda en Madrid por Aga Inés

Desde la calle C, les deseamos un año 2009 bien Creativo, full de lecturas y full de escritura.


Gracias a todos los seguidores, visitantes y participantes de la calle C por sus comentarios y sus aportaciones creativas. Queremos seguir trabajando juntos en el 2009