
Otras veces eres tú quien me buscas, con un guiño, con un ring desesperado. En ocasiones me desconciertas, y, auqnue sé que estás ahí, me cuesta dar contigo. Revuelvo todo mi bolso, saco todas las cosas, y tú sigues ahí escondido gritando cada vez más alto. Tu carcajada escandalosa se burla de mi trajín inútil. A veces no llego, y cuando te encuentro, veo tu mensaje mudo, que dice: llamada perdida.