10 diciembre 2008

épica, dramática y lírica del teléfono

El primer aparato que revolucionó las comunicaciones era negro, grande y con una rueda gigante llena de números, que había que girar para hacerlo funcionar . Inicialmente estaba colgado de la pared, a la altura de la vista. Después cambió de color y de forma, pero conservó la rueda giratoria. El nuevo teléfono decoraba los recibidores y las mesas de los despachos. Las secretarias de todos los países giraban y giraban aquella rueda docenas de veces al día, insertando su dedo índice en los agujeros del 1 al 0.
De pronto, un dedo quedo atrapado en la rueda giratoria de uno de estos teléfonos de colores. Era demasiado grande para aquel agujero pequeño y femenino. Marcar en los teléfonos de rueda requería cierta agilidad manual. El numero cero atrapó el dedo de Juan, campesino y albañil, en el primer intento. El agujero le apretaba la yema del índice, señalándole con un NO PASARAS.
Hoy, "mi celular es negro los lunes, limón los martes, durazno los miércoles, chocolate los jueves, fresa los viernes, azul turquesa los sábados y blanco los domingos" nos contaba su hija por teléfono.